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miércoles, junio 11, 2014

ALGO MÁS SOBRE EL FAMOSO LIBRO DE THOMAS PIKETY "EL CAPITAL EN EL SIGLO XXI

Visitamos en París al autor de 'El capital en el siglo XXI' y analizamos las razones de que se haya convertido en el libro del año (y del decenio)


El capitalismo según Piketty


'El capital en el siglo XXI' pone en entredicho el mito de que el capitalismo mejora la vida de todos | "He querido 


dirigir el libro al lector general, con información bien clara para todo aquel que quiera leerlo"



Cultura | 11/06/2014 - 00:00h | Última actualización: 11/06/2014 - 09:45h


El capitalismo según Piketty

Portada del suplemento Cultura|s del miércoles 11 de junio de 2014 LVE

Andrew Hussey

Una de las consignas del movimiento del 15-M fue que "el capitalismo no funciona". Ahora, en una obra excepcional e innovadora ('El capital en el siglo XXI'), el economista francés Thomas Piketty explica por qué eso es cierto, y sus tesis han suscitado un debate internacional. Nos encontramos con Piketty en su facultad parisina y analizamos a fondo el que ya puede decirse que es el libro del año 2014


La Escuela de Economía de París está situada en una parte muy poco parisina de la ciudad. Se encuentra en el bulevar Jourdan, en el extremo inferior del 14e arrondissement, junto al parque Montsouris. A diferencia de lo que ocurre en la mayoría de jardines franceses, ese parque exhibe una absoluta falta de rigor cartesiano; en realidad, con su lago, sus espacios abiertos y sus entrometidos y golosos patos, muy bien podría estar situado en cualquier ciudad británica. En cambio, el pequeño campus de la Escuela de Economía de París se parece inconfundible y reconfortantemente al de casi todos los campus universitarios franceses. Es decir, que es gris, monótono, destartalado y con pasillos que huelen vagamente a col. Es ahí donde he concertado una entrevista con el profesor Thomas Piketty, un tímido joven francés (tiene cuarenta y pocos años) que ha pasado la mayor parte de su carrera en archivos y recopilando datos, pero que está a punto de convertirse en el pensador más importante de su generación; un pensador independiente y un demócrata -según lo definió el profesor de Yale Jacob Hacker- que se ha convertido nada menos que en "un Alexis de Tocqueville para el siglo XXI".

Y ello a causa de su última obra, titulada El capital en el siglo XXI. Se trata de un libro voluminoso, de alrededor de un millar de páginas, lleno de notas, gráficos y fórmulas matemáticas. A primera vista, su aspecto es descaradamente académico, abrumador e incomprensible al mismo tiempo. El caso es que, a lo largo de los últimos meses, el libro ha desatado en Estados Unidos acalorados debates acerca de la dinámica del capitalismo y, en especial, acerca del auge aparentemente imparable de la minúscula élite que controla una porción cada vez mayor de la riqueza del mundo. También ha suscitado polémicas acerca del poder y el dinero en sitios web y blogs no especializados, y ha puesto en entredicho el mito que constituye el núcleo mismo de la vida estadounidense: que el capitalismo mejora la calidad de vida de todos. No es exactamente así, afirma Piketty, quien lo demuestra de un modo claro y riguroso echando por tierra todo aquello en lo cual creen los capitalistas sobre la ética de ganar dinero.

El carácter innovador del libro ha sido reconocido en un largo artículo publicado en The New Yorker, en el que se cita a Branko Milanovic -antiguo economista jefe del Banco Mundial-, quien describe el volumen de Piketty como "uno de los libros decisivos del pensamiento económico". En la misma línea, un colaborador de The Economist ha afirmado que la obra de Piketty ha reescrito doscientos años de pensamiento económico sobre la desigualdad. De modo muy resumido, las polémicas se han centrado en dos polos: el primero es la tradición iniciada por Karl Marx, quien creyó que el capitalismo acabaría autodestruyéndose en la interminable búsqueda de unos rendimientos decrecientes. En el extremo opuesto del espectro se encuentra la obra de Simon Kuznets, ganador del premio Nobel en 1971, para quien la brecha de la desigualdad se reduce forzosamente a medida que las economías evolucionan y se hacen más desarrolladas.

Según Piketty, ninguno de esos razonamientos se sostiene frente a las pruebas que él ha acumulado. Es más, logra demostrar que no hay razón para creer que el capitalismo sea capaz de resolver el problema de la desigualdad; un problema, que, según insiste, lejos de mejorar, empeora. De la crisis bancaria del 2008 al movimiento indignado del 2011, es algo que ya había sido intuido por la gente común. La singular importancia de su libro es que demuestra de modo científico que esa intuición es correcta. Por eso el libro ha traspasado los círculos especializados, porque dice lo que muchas personas ya piensan.

"He querido dirigir el libro al lector general", afirma Piketty al inicio de nuestra conversación, "y, aunque es a todas luces un libro susceptible de ser leído también por especialistas, mi objetivo era que la información esté bien clara para todo el que quiera leerlo." En realidad, hay que decir que El capital en el siglo XXI es sorprendentemente legible. Está repleto de anécdotas y referencias literarias que iluminan toda la narración. En inglés, ha sido una gran ayuda la ágil traducción de Arthur Goldhammer, un gran estilista literario que se ha enfrentado a autores de la talla de Albert Camus. No obstante, contemplando en las estanterías del despacho de Piketty títulos tan fácilmente inductores de jaqueca como Principios de microeconomía y La influencia política del keynesianismo, una persona corriente como yo necesita alguna ayuda adicional. Así que le hice la pregunta más evidente de todas: ¿cuál es la idea fundamental que recorre todo el libro?

"Empecé investigando un problema muy concreto", dice en un inglés teñido de un elegante acento francés. "Hace unos años me pregunté dónde estaban los datos brutos que sostenían todas las teorías acerca de la desigualdad, desde David Ricardo y Marx hasta los pensadores más contemporáneos. Empecé buscando en Gran Bretaña y Estados Unidos y descubrí que no había gran cosa. Y luego descubrí que los datos existentes contradecían casi todas las teorías, incluidas las de Ricardo y Marx. Cuando me puse a estudiar otros países, vi que aparecía un patrón: que el capital, y el dinero producido por él, se acumula más deprisa que el crecimiento en las sociedades capitalistas. Y que ese patrón, observado en el siglo XIX, se hizo más predominante a partir de la década de 1980, cuando se eliminaron los controles sobre el capital en muchos países ricos."

De modo que la tesis de Piketty, respaldada por una exhaustiva investigación, es que la desigualdad económica del siglo XXI está en aumento y se acelera a un ritmo peligroso. De entrada, este análisis modifica el modo en que consideramos el pasado. Ya sabíamos que el final del capitalismo predicho por Marx nunca se produjo; y que incluso en el momento de la revolución rusa de 1917 ya estaban subiendo los salarios del resto de Europa. También sabíamos que Rusia era según todos los parámetros el país menos desarrollado de Europa y que por esa razón arraigó allí el comunismo. Sin embargo, Piketty añade que fueron las diversas crisis del siglo XX (principalmente, dos guerras mundiales) las que impidieron el crecimiento continuado de la riqueza nivelando temporal y artificialmente la desigualdad. En contra de nuestra percepción del siglo XX como una época en la que disminuyó la desigualdad, lo cierto es que en términos reales no dejó de crecer.

En el siglo XXI, es así no sólo en los llamados países ricos (Estados Unidos, Gran Bretaña y Europa occidental), sino también en Rusia, China y otros países en fase emergente de desarrollo. Existe un peligro real de que si no se detiene el proceso la pobreza aumente al mismo ritmo; y, según Piketty, muy bien puede resultar que el siglo XXI sea un siglo con más desigualdad y, por lo tanto, más discordia social que el siglo XIX. 

Cuando me explica sus ideas con fórmulas y teoremas, todo me suena demasiado técnico (tuve problemas con las matemáticas en la escuela primaria). Sin embargo, siguiendo atentamente sus explicaciones (es un buen maestro, muy paciente) y descomponiendo el análisis en pequeños fragmentos, todo empieza a cobrar sentido. Piketty explica a su principiante que la renta es un flujo, que se mueve y puede crecer según el rendimiento. El capital es un patrimonio, su riqueza procede de lo que se ha acumulado "a lo largo de todos los años anteriores juntos". Es un poco como la diferencia entre tener un descubierto y tener una hipoteca; y si uno no consigue ser dueño de la propia casa nunca tendrá patrimonio alguno y siempre será pobre.

En otras palabras, lo que está diciendo en términos globales es que quienes poseen capital y activos generadores de riqueza (como, por ejemplo, un príncipe saudí) siempre serán más ricos que los emprendedores que intentan conseguir capital. La tendencia del capitalismo en este modelo concentra cada vez más riqueza en manos de cada vez menos personas. ¿Acaso no lo sabíamos ya? ¿Que los ricos se hacen más ricos y los pobres más pobres? ¿No cantaban acerca de eso mismo los Clash y otros grupos en la década de los setenta? 

"Bueno, en realidad, no lo sabíamos, aunque podíamos haberlo sospechado", dice Piketty, animándose con el tema. "En primer lugar, es la primera vez que hemos reunido datos que demuestran que eso es así. En segundo lugar, es evidente que este movimiento, que está adquiriendo velocidad, tendrá implicaciones políticas: todos seremos más pobres en el futuro y eso es una situación que genera crisis. He demostrado que en las actuales circunstancias el capitalismo no puede funcionar."

De modo interesante, Piketty afirma ser un anglófilo y, de hecho, empezó su carrera investigadora con un estudio sobre el sistema del impuesto sobre la renta inglés ("uno de los mecanismos políticos más importantes de la historia"). Sin embargo, también afirma que los ingleses tienen una fe demasiado ciega en los mercados, que no siempre comprenden. Debatimos la actual crisis de las universidades británicas que, tras haber impuesto unas tasas de matrícula, ahora descubren que carecen de liquidez porque el gobierno no calculó bien lo que tendrían que pagar los estudiantes y no es capaz de asegurarse la devolución de los préstamos concedidos para el pago las matrículas. Dicho en otras palabras, el gobierno creyó que conseguía una fuente de ingresos introduciendo tasas de matrícula y, en realidad, al no poder controlar todas las variables del mercado, lo que hizo fue apostar con dinero público y parece que va a perder de modo espectacular. Piketty dice con una sonrisa: "Es el ejemplo perfecto de cómo provocar deuda en el sector público. Algo increíble y difícil de concebir en Francia".

A pesar de su simpatía por Gran Bretaña y Estados Unidos, Piketty confiesa que sólo se siente cómodo en Francia. El capital en el siglo XXI contiene una multitud de referencias francesas (una figura clave es el historiador François Furet); y Piketty admite que el panorama político que mejor comprende es el francés. Creció en Clichy, en un barrio principalmente de clase trabajadora. Sus padres eran militantes de Lucha Obrera, un partido trotskista que aún goza de bastante predicamento en Francia. Como muchos en aquellos años, decepcionados por el fracaso de la casi revolución de Mayo del 68, se retiraron a criar cabras cerca de Carcasona (la clásica trayectoria de muchos progres de esa generación). Sin embargo, el joven Piketty estudió en París y acabó obteniendo un doctorado en la Escuela de Economía de Londres a los 22 años. Luego se fue al Instituto de Tecnología de Massachusetts, donde destacó como profesor, y acabó regresando a París y se convirtió en el primer director de la escuela en la que tiene lugar la entrevista.

Su propio itinerario político empezó, me cuenta, con la caída del muro de Berlín en 1989. Viajó a Europa oriental y quedó fascinado por las ruinas del comunismo. Fue esa fascinación inicial la que lo llevó a emprender una carrera como economista. También influyó en él la guerra del Golfo de 1991. "Vi entonces que muchas malas decisiones eran tomadas por los políticos porque no sabían de economía. Yo no soy político. No es mi trabajo. Pero me encantaría que los políticos leyeran mi obra y sacaran conclusiones de ella."

La afirmación es un tanto equívoca, puesto que Piketty sí que trabajó como consejero de Ségolène Royal en el 2007, cuando la dirigente socialista fue candidata en las elecciones presidenciales. No fue una etapa feliz para él, puesto que por esa misma época acabó entre enconadas acusaciones mutuas su romance con la política y novelista Aurélie Filipetti, otra seguidora de Royal. Se entiende que, tras aquel turbio asunto, Piketty quiera distanciarse del fragor y las trifulcas de la política diaria.

No importa, ¿Qué hemos aprendido? Que el capitalismo es malo. Muy bien. ¿Cuál es la respuesta? ¿El socialismo? Es de esperar. "No es tan sencillo", afirma, decepcionando a este antiguo adolescente marxista. "Lo que defiendo es un impuesto progresivo, un impuesto global, basado en la imposición a la propiedad privada. Es la única solución civilizada. Las otras son, en mi opinión, mucho más bárbaras; y me refiero al sistema oligárquico ruso, en el que no creo, y a la inflación, que en realidad sólo es un impuesto sobre los pobres." Explica que la oligarquía, en especial el actual modelo ruso, no es más que el gobierno de los muy ricos sobre la mayoría. Es un sistema tiránico y que no se diferencia mucho de una forma de gangsterismo. Añade que la inflación no suele afectar a los muy ricos, porque su riqueza aumenta de todas formas; los pobres, en cambio, se llevan la peor parte porque aumenta el coste de vida. Un impuesto progresivo sobre la riqueza es la única solución sensata.

Sin embargo, aunque cuanto dice tiene sentido, y no sólo sentido sino mucho sentido común, le comento que ningún partido político, de derechas o de izquierdas, se atrevería a acudir en Gran Bretaña o Estados Unidos a las urnas con unas propuestas tan idealistas. François Hollande recibe hoy un rechazo generalizado no por sus aventuras sexuales (que, en realidad, le valen una amplia admiración), sino por el severo régimen impositivo que intenta imponer.

"Es verdad", dice Piketty. "Claro que es verdad. Pero también es verdad, como mis colegas y yo hemos demostrado en este libro, que la presente situación no puede sostenerse por mucho tiempo. No se trata necesariamente de una visión apocalíptica. He hecho un diagnóstico de situaciones pasadas y presentes, y creo que hay soluciones. Pero antes de ponerlas en práctica, tenemos que comprender la situación. Cuando empecé a recopilar datos, me quedé muy sorprendido de lo que encontraba, que la desigualdad crece muy deprisa y que el capitalismo no parece estar en condiciones de eliminarla. Muchos economistas empiezan al revés, haciéndose preguntas acerca de la pobreza; pero lo que yo quería comprender era de qué forma actúa la riqueza o la superriqueza para aumentar la brecha de desigualdad. Y lo que encontré, como decía, es que la velocidad a la que crece la brecha de la desigualdad es cada vez mayor. Tiene uno que preguntarse qué significa eso para la gente corriente, para los que no son multimillonarios ni lo serán nunca. Bueno, creo que significa ante todo un deterioro del bienestar económico colectivo; en otras palabras, una degradación del sector público. Sólo hay que ver lo que quiere hacer Obama (reducir la desigualdad en la asistencia sanitaria y en otros ámbitos) y lo difícil que resulta conseguir eso para comprender lo importante que es. Existe entre los capitalistas una creencia fundamentalista según la cual el capital salvará el mundo y no es así. No por lo que dijo Marx acerca de las contradicciones del capitalismo, sino porque, como he descubierto, el capital es un fin en sí mismo y nada más."

Piketty pronuncia su charla, erudita y convincente, con pasión tranquila. Es, da la impresión, un personaje un tanto tímido y retraído, pero le encanta su tema y, en realidad, es un placer encontrarse en medio de un seminario privado sobre el dinero y cómo funciona. Es cierto que su libro es largo y complejo, pero sus exposiciones acerca del modo cómo funciona el mundo capitalista son comprensibles por todos los que viven en él (es decir, todos nosotros). Una de las más penetrantes es la que se refiere al auge de los directivos o superdirectivos, que no producen riqueza, sino que obtienen de ella un salario. En realidad, sostiene Piketty, se trata de una forma de robo, aunque ese no es el peor delito de los superdirectivos. Mucho más perjudicial es el modo en que se han embarcado en una competencia con los multimillonarios, cuya riqueza -que se acelera más allá de la economía- será siempre inalcanzable. Eso crea una carrera permanente en la que las víctimas son los perdedores, es decir, la gente corriente que no aspira a semejante posición o riqueza, pero que no obstante es despreciada por los presidentes, vicepresidentes y otros lobos de Wall Street. En ese apartado, Piketty hace trizas una de las grandes mentiras del siglo XXI: que los superdirectivos se merecen sus sueldos porque, como los futbolistas, poseen habilidades especializadas poseídas sólo por una élite casi sobrehumana.

"Una de las grandes fuerzas divisivas que existen hoy -afirma-, es lo que llamo el extremismo meritocrático. Es el conflicto entre multimillonarios, cuya renta procede de la propiedad y los activos, como en el caso de un príncipe saudí, y los superdirectivos. Ninguna de esas dos categorías hace o produce nada salvo su propia riqueza; en realidad, se trata de una superriqueza separada por completo de la realidad cotidiana del mercado, que rige la vida de la mayoría de las personas ordinarias. Peor aun, ambos grupos compiten entre sí para incrementar su riqueza; y el peor de todos los escenarios es el modo en que los superdirectivos, cuya renta se basa realmente en la codicia, siguen subiéndose los sueldos al margen de la realidad del mercado. Es lo que sucedió con los bancos en el 2008, por ejemplo".

Este es el tipo de pensamiento que hace tan atractiva y fascinante la obra de Piketty. A diferencia de muchos economistas, insiste en que el pensamiento económico no puede separarse de la historia o la política; eso proporciona al libro un carácter, definido por el premio Nobel estadounidense Paul Krugman, como "excepcional" y de "visión panorámica". La influencia de Piketty está creciendo mucho más allá de la reducida microsociedad de los economistas universitarios. En Francia es cada día más conocido por sus comentarios sobre los asuntos públicos, con artículos en Le Monde y Libération, sobre todo; y sus ideas son debatidas con frecuencia por políticos de todas las tendencias en programas de actualidad. De modo quizás más importante y menos usual, su influencia está creciendo en las corrientes dominantes de la política angloestadounidense (al parecer, su libro es uno de los favoritos entre el círculo de Ed Miliband, líder del Partido Laborista británico), un entorno tradicionalmente indiferente a los profesores de economía franceses. A medida que aumenta la pobreza en todo el planeta, todo el mundo está obligado a escuchar a Piketty con gran atención. Sin embargo, aunque su diagnóstico es preciso y convincente, resulta difícil, cuando no imposible, imaginar que la cura propuesta (impuestos y más impuestos) pueda ponerse en práctica en un mundo donde, desde Pekín hasta Washington pasando por Moscú, es el dinero y sus mayores acumuladores quienes llevan la batuta.



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Rodrigo González Fernández
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martes, junio 10, 2014

#discurseando: Cómo disfrutar al hablar en público

Cómo disfrutar al hablar en público

Posted: 10 Jun 2014 02:00 AM PDT

La oratoria es una de las asignaturas pendientes de los españoles y la materia que mejor deberíamos dominar, pues es imprescindible no sólo en el ámbito profesional, sino también en el personal. No me equivoco si digo que la gran mayoría de la gente ha tenido que hablar en público en más de una ocasión: una exposición oral en el colegio, una presentación de un proyecto en la universidad, una breve introducción de un plan de negocio, unas palabras de agradecimiento en una boda, un brindis en la cena de navidad… Las ocasiones pueden ser infinitas a lo largo de la vida, y debido a que no nos han preparado para dominar esta habilidad, estos momentos pueden convertirse en verdaderos traumas irracionales.

Cómo disfrutar al hablar en público

© Halfpoint – Fotolia.com

¿Qué podemos hacer para disfrutar al hablar en público?

  • Identifica y domina tu temor.

    Los miedos que genera el hablar en público pueden ser muchos: miedo a hacer el ridículo, a que se rían, a que nos humillen, a quedarnos en blanco, a no saber estar a la altura (un listón que nosotros mismos nos colocamos)… pero todos estos temores pueden ser insignificantes si aprendemos a controlar la situación.
    A si que preguntémonos a qué tenemos miedo, por qué lo tenemos y cómo podemos superarlo.

    Todos estos temores son proyecciones negativas que vertemos de forma continuada en nuestra mente y que pueden debilitarnos. Si en lugar de imaginar todas esas catástrofes visualizásemos el momento como algo agradable, que va a gustar a un público comprensivo que sabe del esfuerzo que estamos haciendo, seguramente disfrutaríamos del hecho de hablar en público. Por tanto todo depende de nuestra actitud y de la confianza que tenemos en nosotros mismo.

  • Busca apoyos que refuercen tu confianza.
    Lo mejor para reforzar la seguridad que tenemos de nosotros mismos es sentir que controlamos la situación. Para ello debemos :

    • Dominar el tema del cual vamos a hablar.
    • Redactar nuestro texto pensando en el público que nos va a escuchar.
    • Ensayar nuestro discurso vocalizando y haciendo las pausas necesarias.
    • Practicar frente a un espejo, y si es posible grabarnos en vídeo para posteriormente estudiar nuestros errores y corregirlos.
    • Asistir a cursos de oratoria, a clases que nos permitan familiarizarnos con estas destrezas, como el teatro o el ballet y aprovechar cada oportunidad para hablar en público, porque toda habilidad se aprende practicando.
  • Pon pasión en cada cosa que digas o hagas.

    Cuida aspectos como el ritmo o el énfasis en determinadas palabras, las pausas o el tiempo y, presta especial atención al lenguaje corporal de las posturas, gestos o contacto visual. Porque todo está comunicando.

Por tanto, más que hablar en público debemos aprender la destreza de transmitir. No se trata de vomitar un discurso estudiado que nos aburra a nosotros mismos, sino de creer sinceramente en lo que estamos diciendo. De nuestra confianza y pasión en lo que hacemos dependerá nuestra credibilidad y éxito, pues es lo que diferencia los buenos de los malos oradores.

 

Sara CáceresSara Cáceres, en la red SaraCace, es profesional de la comunicación y la creación digital. Puede ayudarte con cualquier cosa que requiera del diseño gráfico, gestión de redes sociales y asesoramiento en comunicación o en entornos digitales. Su objetivo es compartir conocimiento y aprender cada día algo nuevo. En su tiempo libre colabora con una organización impartiendo valores entre los más jóvenes.

 

Puedes acceder a about.me/saracace para seguirla en las distintas redes sociales.

 

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Thomas Piketty " El Capital en el Siglo XXI " ha despertado admiración y odios a partes iguales. Debate se da dentro y fuera de las Universidades

Las polémicas de Piketty y Rogoff & Reinhart y cómo la red ha 'democratizado' los debates

10 junio 2014

Cualquiera que haya estado pendiente de la actualidad económica durante este último año ha oído hablar de Thomas Piketty, economista francés autor del fenómeno editorial y académico del año (El Capital en el Siglo XXI). La tesis de esta investigación, que ha vendido casi 100.000 ejemplares en EE UU y más de 50.000 en Francia (aún no se ha traducido al español) es que la riqueza se está concentrando a lo largo del mundo cada vez en menos manos debido a que la tasa de retorno del capital es mayor que la tasa de crecimiento.

Resumidamente y a lo bruto: La búsqueda constante de un máximo rendimiento por parte del capital (dividendos, intereses, beneficios, rentas…) supera la media de crecimiento de la economía, lo que a la larga produce una concentración progresiva de la riqueza. El autor concluye así que esta anomalía del capitalismo solo puede ser contrarrestada por medio de una acción decidida de los gobiernos. Por ello, propone una tasa para las transacciones financieras del 2% e impuestos de la renta mucho más progresivos, que alcancen incluso el 80% para las rentas más altas. Si sabes inglés, este vídeo es un resumen muy interesante:

El libro, procediendo de un investigador tan respetado y alumbrando sobre una cuestión tan ideológica (la desigualdad inherente al sistema capitalista) ha despertado admiración y odios a partes iguales. Y como ataca dogmas del actual paradigma académico, ha provocado que muchos economistas de prestigio se hayan lanzado a responder.

En este contexto llegó la bomba. El pasado mes de mayo, The Financial Times publicaba un duroartículo de su editor Chris Giles en el que se rebatían las metodologías y las conclusiones de Le Capital au XXIe Siècle. Lo explica mucho muy detalladamente Pablo R. Suanzes en su blog: "Con todo sumado, las conclusiones de Piketty, y valga la redundancia, no se sostienen: No hay una tendencia creciente obvia. La conclusión [del libro] no parece estar sustentada por sus propias fuentes". Todo un mazazo para un fenómeno editorial e investigador como el francés.

La polémica, a la que se han sumado todo tipo de especialistas, periodistas, académicos y curiosos en general (una muestra en esta estupenda recopilación de Bruegel) recuerda mucho a la vivida el pasado año en relación al célebre libro de Rogoff y Reinhart, autores de This time is different, el libro que concluía que el crecimiento económico de los países se veía comprometido con niveles de deuda pública a partir del 90% del PIB. Entonces, se montó una polémica similar porque otros investigadores les acusaron de haber utilizado una metodología incorrecta y de haber seleccionado solo aquellos datos que favorecían su teoría. Lo cierto es que el manual parece haber dejado de ser una obra de referencia para la troika desde entonces.

¿Por qué cuento todo esto? Porque los que nos interesamos por la economía y el debate económico estamos de enhorabuena. La generalización de las redes sociales y la democratización del conocimiento están posibilitando apasionantes debates en vivo y en directo como los que han girado en torno a Piketty, Rogoff y Reinhart. Las profundas discusiones que antes solo ocurrían dentro de las universidades y las academias ahora están abiertas a todos.

Cualquiera puede replicar un estudio y colgar sus resultados, poniendo a prueba los dogmas y exponiéndose a la crítica también. Los blogs y los medios digitales están (estamos) yendo de la mano en la difusión del conocimiento científico y económico, lo que siempre redundará en una mejor información de la ciudadanía. Muchas veces he apostado por un fomento de la educación financiera en España. Pues bien, al margen de lo que puedan aportar las administraciones, en la red ya hay una inmensa fuente de conocimiento y debate. Que dure…

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jueves, junio 05, 2014

#MARKETINGJURIDICO el marketing juridico es imprescindible

IMPORTANCIA DEL MARKETING JURIDICO 


Publicidad y marketing son términos que no son comúnmente utilizados en la industria legal.


 Las empresas que hacen publicidad por lo general se especializan en prácticas de nicho, tales como el derecho de familia.

"Los planes de marketing" serían considerados generalmente como la necesidad de las industrias basadas en productos. Sin embargo, de acuerdo con, el "marketing" como "el proceso o técnica de promoción, venta y distribución de un producto o servicio "se hace todos los días, y es un proceso que es demasiado importante para ignorarlo.

La perpetuación de una empresa puede depender de un sólido plan de marketing que implica un enfoque proactivo para mantener la cartera de clientes y la prospección de otros nuevos.

El marketing jurídico es imprescindible

En el entorno empresarial de hoy en día, la competencia entre las firmas de abogados para nuevo negocio puede ser feroz. Además, en los tiempos económicos difíciles hacen que los consumidores reflexionen más seriamente sobre las decisiones financieras y  examinen sus opciones con más cuidado que en cualquier otro momento económico.

El marketing jurídico es esencial para que las empresas revisen formas de conectarse más profundamente con sus clientes existentes y explorar los medios disponibles para la prospección de nuevos clientes. El potencial crecimiento de la comercialización supera con creces el riesgo a la baja.

Los estudios confirman que las ventas y beneficios aumentan cuando se mantiene la comercialización, incluso durante una recesión o desaceleración de negocios. De hecho, empresas que han seguido un gran mercado durante las recesiones anteriores han vuelto a sobrepasar a sus competidores exponencialmente después de ese período de tiempo.

Cuando la comercialización se recorta o se ignora, por cualquier razón, el resultado es casi siempre la disminución de las ventas, y una parte del mercado. Los estudios tienen consistentemente demostrado que las empresas que tienen la inteligencia y agallas para hacer frente a sus esfuerzos de marketing, en general obtienen una gran ventaja sobre sus competidores más tímidos.

Mediante la utilización efectiva de un sitio web como fuente de información, es la forma más rentable para entregar información e interactuar con los clientes. La clave está en pensar desde el punto de vista del cliente, entender por qué los individuos acceden a un sitio web y la información que están buscando. Internet ofrece una forma única de interactuar con los clientes que otros medios no pueden. Lo principal es ofrece  la interactividad. Los visitantes pueden elegir qué información desean revisar, puede ponerse en contacto con usted a través de correo electrónico, y puede inscribirse en el boletín de su empresa que le permite crear una base de datos de clientes potenciales.

 


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#ENCUESTA ADIMARK EVALUACION DEL GOBIERNO MAYO 2014

Evaluación de Gobierno 

Mayo 2014

La aprobación de la Presidenta Bachelet sube 3 puntos y llega al 56%, alza que no es estadísticamente significativa.

Puntos salientes mayo 2014

 La aprobación de la presidenta Michelle Bachelet subió 3 puntos y llegó al 56%, 1 punto más que en idéntico período de su primer gobierno (mayo 2006: 55%).

La cuenta presidencial del 21 de mayo aparentemente afectó positivamente la aprobación de la presidenta Bachelet; el indicador se incrementó después del mensaje.

Por primera vez durante su segundo mandato, la aprobación de la presidenta (56%) es superior a la aprobación de su gobierno (54%).

No hay variaciones importantes en la evaluación de los atributos presidenciales, todos se mantienen con una evaluación positiva sobre el 60%.

 "Relaciones internacionales" se mantiene como el área de gestión mejor evaluada con un 73% de aprobación. Sin embargo, las alzas más importantes en aprobación las tuvieron las áreas del "Cuidado del medio ambiente", "Salud", "Transporte público" y el "Transantiago". Durante el discurso del 21 de mayo la presidenta Bachelet realizó anuncios en dichas áreas de gestión.

Este mes, llegan a 10 los ministros que tienen un nivel de conocimiento superior al 40% (el mes pasado eran 8). Los dos que se incorporan este mes son los ministros Máximo Pacheco (Energía) y Helia Molina (Salud). Aparte de éstos, se destaca el aumento en conocimiento del vocero Álvaro Elizalde. Suben, pero sin alcanzar todavía el 40% Claudia Pascual, Alberto Arenas, Paulina Saball, Pablo Badenier, Claudia Barattini y Aurora Williams.

Los ministros evaluados (quienes superan el 40% de conocimiento) obtienen en general una buena evaluación. Nuevamente encabeza el listado el ministro de relaciones exteriores Heraldo Muñoz, con un 84% de aprobación. En el último lugar se encuentra el ministro de educación Nicolás Eyzaguirre, quien baja nuevamente su aprobación hasta alcanzar el 50%. El ministro Eyzaguirre es el único que tiene un nivel de aprobación por debajo del 60%, y muestra un retroceso de 14 puntos en su evaluación en los últimos 2 meses.

La identificación con el gobierno subió 2 puntos y llegó al 50%. La identificación con la oposición, en cambio, bajó 5 puntos y alcanzó el 24%.

La aprobación de la "Nueva Mayoría" se mantuvo sin variación (44%) y la de la "Alianza" mostró una baja de 6 puntos.  

Este mes evaluamos las principales reformas que ha presentado el gobierno y la factibilidad que los encuestados le asignan a su cumplimiento. En general se aprecia un clima favorable hacia estas reformas, pero existe un importante grado de incertidumbre frente a su cumplimiento. En el caso de la reforma tributaria es donde se observa un mayor grado de polarización. Un conjunto de preguntas muestran que se ha establecido un cierto grado de aprensión respecto al efecto de esta reforma sobre la Clase Media y el empleo.  

 Comentario al resultado de mayo 2014

En el ámbito político, el discurso del 21 de mayo de la Presidenta copó gran parte de la agenda noticiosa y del debate nacional. La presidenta reafirmó el compromiso de llevar a cabo una reforma tributaria, educacional y cambiar la constitución. En un discurso formalmente sobrio, la presidenta realizó 102 anuncios que, si bien estaban en su programa de gobierno, aparecieron como nuevas prioridades. El resultado, es que el evento parece haber afectado positivamente su aprobación, como lo demuestra el análisis antes-después que se incluye en este informe. Uno de los anuncios que más debate generó fue la despenalización del aborto bajo circunstancias específicas.   

En el plano económico las noticias siguen siendo no muy optimistas, pues se conoció una inesperadamente alta inflación en abril (+0,6%) y un también inesperado bajo crecimiento de 2,6% a marzo.

En este variado contexto, la aprobación de la Presidenta sube 3 puntos y llega al 56%, alza que es importante, pero no alcanza a ser estadísticamente significativa en relación a la última medición. El dato nuevo del mes, es que ahora la aprobación de la presidenta supera  a la del gobierno.

Áreas de gestión

"Relaciones internacionales" subió 3 puntos su aprobación y se mantiene como el área mejor evaluada con un 73%. Durante el mes se comenzó a debatir la idea de impugnar la jurisdicción del Tribunal de La Haya ante la demanda boliviana.

El "Cuidado de medio ambiente" es la segunda área de gestión mejor evaluada, con un alza de 6 puntos llegó al 51% de aprobación. Durante el discurso del 21 de mayo, la Presidenta anunció impuestos verdes (dentro de la reforma tributaria), una estrategia de descontaminación para zonas saturadas y un proyecto de ley que protege a los glaciares. Días después, el gobierno presentó su agenda de energía con énfasis en energías limpias, tecnología y abastecimiento.

El "Transporte público" y el "Transantiago" también tuvieron alzas importantes en el orden de 5 y 7 puntos de aprobación. La presidenta en la cuenta pública del 21 señaló la idea de extender la red del Metro, más ciclovías y la posibilidad de usar el pase escolar las 24 horas del día durante todo el año. Con todo, no se observa tendencia en el área de transporte público, toda vez que las cifras han oscilado sin dirección en estos primeros tres meses de gestión. Cabe indicar que el alza del pasaje del Transantiago se anunció casi finalizando el trabajo de campo de la presente encuesta, por lo que su efecto no alcanza a ser detectado en este mes.

La otra área de gestión que tuvo un incremento importante fue la "Salud". Luego de bajar 8 puntos el mes pasado, durante mayo el área se recuperó y subió 5 puntos su aprobación. En el mes también hubo anuncios en esta área, como un Fondo Nacional de Medicamentos y una comisión para reformar la ley de Isapres. Igual, el área ha mostrado fuertes variaciones sin tendencia definida.

El resto de las áreas de gestión no tuvieron variaciones importantes. El "Empleo" y la "Economía" siguen estando entre las áreas mejor evaluadas y "Delincuencia" cierra la lista como la peor.

Ministros

En general el conocimiento de los ministros se mueve al alza, en mayo 10 ministros alcanzaron al menos un 40% de conocimiento (el mes pasado eran 8). Se integran al listado de los 10 más conocidos el ministro de energía Máximo Pacheco y la ministra de salud Helia Molina. Como se sabe, este mes el Ministro Pacheco desplegó un proyecto de Energía.

Los 10 ministros medidos, mantienen en general buenas evaluaciones, sobre el 60%.    Este mes se destaca el alza en la aprobación del ministro de obras públicas Alberto Undurraga, que subió 8 puntos y alcanzó el 72%. El ministro Undurraga tuvo  presencia en   labores de reconstrucción en Valparaíso y en la zona norte. El único ministro que tiene una evaluación por debajo del 60% es el titular de Educación, Nicolás Eyzaguirre. Si bien el ministro es uno de los más conocidos, su aprobación ha caído 14 puntos desde marzo pasado. La educación, qué duda cabe, ha estado al centro de la discusión pública.

Evaluación de Instituciones y Coaliciones Políticas

La aprobación de la "Nueva Mayoría" se mantuvo en un 44% y la de la "Alianza" bajó 6 puntos hasta llegar al 26%. Como se ve, la Nueva Mayoría es significativamente menos valorada que el gobierno. Por su parte, los problemas que enfrenta la alianza de oposición son de público conocimiento, en un mes en que ambos partidos de este sector renovaron sus directivas. Cabe indicar que ambas coaliciones políticas y el Congreso siguen con importantes niveles de rechazo.  

Evaluación y factibilidad asignada a las principales reformas del gobierno

La reforma a la constitución es la que tiene el mayor respaldo, el 71% está de acuerdo con ella. Sin embargo, solamente un 37% cree que el gobierno será capaz de llevarla a cabo. Algo similar sucede con la reforma a la educación, que tiene un respaldo de 58% y una factibilidad asignada de 44%. Es decir, es mayor el respaldo a dichas reformas que la expectativa que hay frente a su cumplimiento. Distinto es el caso de la reforma tributaria, que tiene un respaldo de un 51% y una viabilidad asignada de 53%. El respaldo a la reforma tributaria, como también el de la reforma a la educación, tiene importantes diferencias por nivel socioeconómico. Finalmente, hay preguntas en este estudio que muestran que la percepción sobre los efectos que podría tener la reforma tributaria está bastante dividida, probablemente por la instalación de temores frente a eventuales daños a la Clase Media y al empleo producto de esta reforma. Se continuará observando el desempeño de estas variables en los próximos meses.


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Fuente:ADIMARK 

Saludos
Rodrigo González Fernández
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miércoles, junio 04, 2014

AXEL KAISER : SOBRE LA LIBERTAD

Columna de Axel Kaiser: Sobre la libertad
martes, 03 de junio de 2014 
Director ejecutivo Fundación para el Progreso

Axel Kaiser
Resulta imposible entender el gran debate que se está dando hoy en Chile sin hacerse cargo de sus fundamentos ideológicos, y más específicamente sobre la idea de libertad que anima a quienes promueven una mayor intervención y control del Estado sobre la vida de los chilenos.
La tradición intelectual liberal de origen anglosajón, que inspiró en buena medida el sistema económico que existe en Chile desde la década de los 70, entiende la libertad como el derecho que asiste a cada persona a perseguir sus fines disponiendo de lo que le es propio. Ser libre en la tradición liberal clásica consiste en no encontrarse sujeto a una voluntad ajena y en no verse privado de su propiedad para satisfacer fines o necesidades ajenas. La libertad en este contexto es un concepto social, pues se refiere siempre a una relación entre personas. Usted es libre mientras otro no le imponga por la fuerza un curso de acción que no ha elegido. Obligarlo a no fumar, a hacer ejercicio, a no consumir drogas, y cosas por el estilo, implica, por tanto, una agresión a su libertad. La libertad, entonces, se opone a la idea de poder entendido como la capacidad que tiene una persona o grupo de personas de imponer a otros su voluntad por la fuerza. 

El Estado, que, como diría Max Weber, es esa agrupación de personas que reclaman con éxito para sí el legítimo ejercicio de la violencia sobre los demás miembros de la comunidad, se convierte para los liberales en el garante de la libertad en la medida en que protege a cada individuo en sus derechos fundamentales. Esa es la justificación de que detente el monopolio de la fuerza. Pero, al mismo tiempo, es también la principal fuente de amenaza a nuestra libertad, pues al concentrar el monopolio de la violencia, el grupo que controla el Estado puede fácilmente obligarnos a seguir cursos de acción que no son los que nos hemos dado y, aun más, puede disponer de nuestras vidas y propiedad sin que podamos resistirnos. Los campos de concentración, las guerras y abusos sistemáticos han sido por regla general obra de los estados, o, mejor dicho, de las personas que controlan la maquinaria estatal. De ahí que sea fundamental contar con límites al poder político, función que suelen cumplir las constituciones y, por cierto, también el mercado como espacio que permite una activa oposición y fiscalización de los gobernantes. Y es que, como dijo Trotsky, en un país en que el Estado controla todas las fuentes de trabajo, el disenso significa la muerte por inanición. 

Pero hay otra visión de libertad que cree que esta consiste en tener el poder efectivo de cumplir los fines que una persona se ha propuesto. La libertad aquí ya no es un concepto estrictamente social, pues no consiste en estar libre de la coacción de otro, sino estar exento de sujeción a necesidades de materiales. Los pobres, en esta lógica, no pueden ser libres realmente, y están determinados para siempre a permanecer en la condición de pobres, salvo que los gobernantes los saquen de ahí. Si bien es cierto esta idea es históricamente falsa, sus implicancias filosóficas son aún más preocupantes. Pues el Estado —es decir, quienes gobiernan— necesariamente debe convertirse en satisfactor de necesidades ajenas si han de promover la libertad, lo cual conduce inevitablemente a la redistribución de riqueza mediante la coacción estatal.

Así, de pasar a garantizar los derechos de las personas protegiéndolas de la agresión de terceros, el poder político se convierte en el agresor de esos derechos bajo el argumento de asegurar la libertad y bienestar. Para esta concepción que entiende la libertad como poder efectivo de alcanzar un fin que alguien se ha propuesto, el Estado no se limita a proteger la libertad, sino que es la fuente creadora de la libertad. De ahí que los proyectos de izquierda se hayan siempre fundado en la idea de que la libertad del hombre se consigue haciendo crecer el poder que los gobernantes tienen sobre los individuos. Esta tradición, como se advierte, asume que las personas son incapaces de elegir su destino sin la tutela del gobernante, el que supuestamente sabe mejor que los ciudadanos cuál es su bien. Como diría el ministro Eyzaguirre, la mayoría de la gente no es lo suficientemente inteligente para elegir el colegio de sus hijos, por lo tanto, la autoridad debe elegirlo por ellos e imponerles por la fuerza esa elección. 

Los liberales, en cambio, confiamos en los individuos y su capacidad de elegir y creemos en la vieja advertencia de Henry David Thoreau, quien afirmara con gran lucidez que si él supiera con absoluta certeza que una persona se dirige hacia su casa con el expreso propósito de hacerle el bien, correría por salvar su vida.
Fuente:EMOL

Saludos
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Thomas Piketty El capital en el siglo XXI

El capital en el siglo XXI

POR EGUZKI URTEAGA - Martes, 3 de Junio de 2014 - Actualizado a las 05:38h

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El último libro del economista Thomas Piketty, titulado Le capital au XXIème siècle (El capital en el siglo XXI), ha suscitado el entusiasmo del mundo académico, hasta el punto de que el Premio Nobel de Economía Paul Krugman lo haya considerado como uno de los mejores libros de economía de los últimos diez años, y cierta polémica en la esfera mediática y política. Es preciso recordar que Piketty es uno de los economistas europeos más precoces y brillantes de su generación como da cuenta de ello tanto su obra como su trayectoria académica. A lo largo de estos años ha dedicado la mayor parte de sus investigaciones y reflexiones a la dinámica histórica de la renta y del patrimonio, sabiendo que buena parte de estas investigaciones han sido llevadas a cabo en colaboración, especialmente con Anthony Atkinson y Emmanuel Saez.

En Le capital au XXIème siècle, el joven economista galo intenta analizar la dinámica del reparto de la riqueza a nivel mundial, tanto dentro de cada país como entre países, desde el siglo XVIII hasta hoy en día. Presta una atención particular al caso francés, básicamente por la antigüedad, variedad y accesibilidad de las fuentes. De hecho, la Revolución francesa ha puesto en marcha un incomparable observatorio de las fortunas: el sistema de registro del patrimonio terrenal e inmobiliario instaurado en los años 1790-1800 es especialmente moderno y universal por la época y explica por qué las fuentes sucesorias francesas son especialmente ricas.

Piketty constata que el reparto de la riqueza constituye una de las cuestiones más debatidas actualmente aunque nuestro conocimiento sobre su evolución a largo plazo sea limitado. Este economista se pregunta en su libro si ¿la dinámica de la acumulación de capital privado conduce inevitablemente a la concentración cada vez superior de la riqueza y del poder entre las manos de algunos o las fuerzas reequilibrantes del crecimiento, de la competencia y del avance técnico conducen espontáneamente a la reducción de las desigualdades y a una estabilización en las fases más avanzadas del desarrollo? A lo largo de las 976 páginas que componen su libro, Piketty intenta contestar a la siguiente pregunta: ¿qué sabemos realmente sobre la evolución de la distribución de la renta y del patrimonio desde el siglo XVIII, y qué lecciones podemos extraer de ello para el siglo XXI?

Aun reconociendo que sus respuestas son imperfectas e incompletas, subraya que su estudio se basa en datos históricos y comparativos mucho más extensos que todos los trabajos realizados anteriormente y sobre un marco teórico renovado que permite mejorar nuestra comprensión de las tendencias y mecanismos vigentes. Defiende la hipótesis según la cual, a partir del momento en qué la tasa de beneficio del capital supera duraderamente la tasa de crecimiento de la producción y de la renta, lo que era el caso en el siglo XVIII y que corre el riesgo de serlo en el siglo XXI, el capitalismo produce mecánicamente unas desigualdades que cuestionan los valores meritocráticos sobre los cuales se fundamentan las sociedades democráticas.

Para demostrar su tesis, el economista galo recurre a dos tipos de fuentes: las que aluden a la renta y a la desigualdad de su distribución, y las que se refieren al patrimonio, a su reparto y al vínculo que mantienen con la renta. En el primer caso, su labor ha consistido en extender a una escala espacial y temporal superior el trabajo novedoso y pionero de Kuznets (1953) que medía la evolución de las desigualdades de renta en Estados Unidos de 1913 a 1948. Esta extensión permite poner en perspectiva las evoluciones constatadas por Kuznets y conduce a cuestionar el vínculo optimista que establece entre desarrollo económico y reparto de la riqueza. Ha intentado utilizar las mismas fuentes, los mismos métodos y los mismos conceptos para todos los países estudiados. En el segundo caso, ha reunido todos los datos disponibles sobre el patrimonio, su reparto y la relación que mantienen con la renta, sabiendo que el patrimonio juega un papel importante sobre la renta a través de la renta del patrimonio. En ese sentido, los datos de la WTID ofrecen mucha información sobre la evolución de las rentas del capital a lo largo del siglo XX.

Sobre la base de estos datos, Pïketty extrae dos conclusiones fundamentales. Por una parte, considera que es preciso desconfiar de cualquier determinante económico en esta materia, ya que la historia del reparto de la riqueza es siempre una historia profundamente política y no puede resumirse a mecanismos meramente económicos. Especialmente, la reducción de las desigualdades observadas en los países desarrollados entre los años 1900- 1910 y 1950-1960 es ante todo el producto de las guerras y de las políticas públicas implementadas tras estos dramas. Asimismo, el incremento de las desigualdades desde los años 1970-1980 resulta en gran medida de los cambios políticos acontecidos a lo largo de las últimas décadas, sobre todo en materia fiscal y financiera. Por otra parte, el economista galo estima que la dinámica del reparto de la riqueza pone en juego a poderosos mecanismos que empujan alternativamente hacia la convergencia o hacia la divergencia, y que no existe ningún proceso natural y espontáneo que permite evitar que las tendencias desestabilizadoras y fuentes de desigualdades se impongan duraderamente.

Pero, Piketty amplía su reflexión a la ciencia económica dado que considera que la disciplina económica está prisionera de su pasión por las matemáticas y las especulaciones teóricas e incluso ideológicas, en detrimento de la investigación histórica y de la aproximación a las demás ciencias sociales. Estima que a menudo los economistas están ante todo preocupados por problemas matemáticos que solo les interesan a ellos mismos, lo que les permite dar una apariencia de cientificidad y evitar contestar a preguntas mucho más complejas provenientes de la sociedad que los rodea. A ese respecto, observa una diferencia entre Estados Unidos y Europa donde los economistas no gozan del mismo prestigio y se ven obligados a abrirse a otras disciplinas y a la sociedad.

Piketty considera que los economistas no deben esforzarse en alejarse de las demás ciencias sociales y la ciencia económica solo podrá desarrollarse gracias a un diálogo fructífero con ellas. Observa que numerosos economistas desconocen buena parte de la producción científica en sociología, historia o antropología, lo que les ha llevado a no prestar la atención suficiente a la dinámica histórica del reparto de la riqueza y la estructura de clases. Estima que conviene ser pragmático y movilizar métodos y enfoques provenientes de otras disciplinas, en lugar de limitarse a las perspectivas estrictamente económicas. Subraya que su trabajo ha consistido inicialmente en reunir fuentes y en establecer hechos históricos sobre el reparto de la renta y del patrimonio, antes de recurrir a teorías, modelos y conceptos abstractos, pero intenta hacerlo con parsimonia, es decir únicamente en la medida en que la teoría permite una mejor comprensión de las evoluciones estudiadas.

En definitiva, Le capital au XXIème siècle es una obra documentada, sólida, ambiciosa e innovadora: documentada por la variedad y amplitud de los datos movilizados; sólida por el rigor científico de la demostración, de la utilización de datos y de su comparación; ambiciosa por la amplitud temporal (desde el siglo XVIII hasta la actualidad) y geográfica (la totalidad del planeta) del estudio; e innovadora tanto por la problemática planteada como por las hipótesis y posteriormente conclusiones formuladas. Está llamado a ser una de las obras de referencia en la economía política en general y en la evolución del reparto de la renta y del patrimonio en particular. Confirma las expectativas generadas por las obras anteriores y por la trayectoria académica de Piketty, y será, sin lugar a dudas, uno de los mejores economistas de los próximos años a nivel mundial. En este sentido, antes de polemizar interesadamente sobre su último libro, es preciso leerlo y extraer las conclusiones pertinentes que contiene.

Fuente:

Saludos
Rodrigo González Fernández
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