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lunes, agosto 27, 2007

Regulador de luz para alumbrados públicos ahorra energía y dinero

Regulador de luz para alumbrados públicos ahorra energía y dinero

Los costos del alumbrado público crecen mientras el dinero escasea. Apagar cada segunda lámpara es riesgoso para el tráfico vehicular. Una empresa alemana inventó una lámpara que alumbra con menor intensidad.

Los reductores domésticos de intensidad de luz no sólo ayudan a ahorrar energía en el hogar. También en lámparas no domésticas logran reducir el gasto energético hasta en una tercera parte. Lo que se logra en casa también puede ser posible en la calle, se dijo entonces el alcalde de la localidad de Zerbst, en la Sajonia Anhaltina. Con esa inquietud se dirigió a una empresa local que fabrica lámparas para el alumbrado público que duran más de 30 años.

Así es como la firma de KD-Elektroniksysteme desarrolló una lámpara para el alumbrado público que cambia su intensidad de luz cada 15 minutos. No es que esté dañada, sólo que la bombilla acopla la luz a las necesidades.

Sodio y mercurio a altas presiones

Pero las cosas no son tan fáciles. La reducción de la intensidad de luz resulta una cosa difícil en lámparas de sodio y mercurio a alta presión, le confiesa el ingeniero Bernhard Dombrowski, de la mencionada empresa de Zerbst, a la emisora de radio alemana Deutschlandfunk.

Por debajo de los 190 voltios, las lámparas del alumbrado público se apagan. Teniendo en cuenta que la tensión es de 230 voltios nominales, la reducción del gasto de energía es realmente poca.
Pero los expertos buscaron otro camino. "El rendimiento eléctrico resulta de la tensión y la energía como producto de ambos.

En nuestro caso, la tensión se mantiene constante mientras la energía se reduce. Así se baja el rendimiento eléctrico en la misma proporción", agrega Dombrowski.

¿Pero cómo es posible reducir la fuerza de la energía? Para ello, los ingenieros echaron mano de una ley de la electrotecnia que reza: crece la resistencia con tensión constante, baja el poder de la energía. La resistencia la han aumentado los ingenieros de Zerbst dejando fluir energía a través de una bobina en la que se forma un campo magnético.

Entre más cambios, más resistencia

"Justo este campo magnético induce, a su vez, en la misma bobina una tensión que va en contra de la causa que la produce", especifica el experto. La tensión inducida ejerce resistencia contra el principal corriente de energía. Esa resistencia se agranda proporcionalmente a los cambios del cambio magnético. Y todo cambio producido por el campo magnético genera más tensión en la bobina.

"Nosotros elevamos la frecuencia de 50 a 100 hertz y así elevamos la resistencia, por lo que la energía baja maniendo constante la tensión en el medio de iluminación a un nivel de 230 voltios", explica.

Pero tales cambios de frecuencias tienen un riesgo: se crean campos de interferencias que pueden impedir el rendimiento de otros conductos.

Como los cables para el alumbrado público no tienen una protección especial y son tendidos por canales subterráneos junto a instalaciones telefónicas y de transmisión de datos, los expertos tienen que asegurarse de no generar un caos a la hora de hablar por teléfono por querer ahorrar energía.

Nada de eso, los especialistas de Zersbt inventaron por ello, un filtro doble que protege y aísla las conexiones hacia la calle y hacia el suministrador de energía.

¡Ahorrar energía paga!

Hasta un 67% se logra reducir la luz en lámparas del alumbrado público y en el mismo grado se reduce el gasto de energía. A través de un computador se diseña un perfil de iluminación acoplado a las necesidades. A partir de las 8 de la noche, por ejemplo, la luz puede ser reducida en una cuarta parte y entre las 10 de la noche a las 5 de la mañana a la mitad.

Según los cálculos de los fabricantes, en dos años se amortizan los costos de la instalación de lámparas con reguladores de luz. Pero hay otra ventaja importante: cada hora ahorrada en kilowatios, es un kilogramo menos de CO2 que no contamina la atmósfera. Ahorrar energía paga.

 

José Ospina Valencia / dlr

 
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Rodrigo González Fernández
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